jueves, 30 de septiembre de 2010

I


      -    ¿Cómo estás?  Te noto extraña hoy
      -      Me siento extraña hoy, más extraña de lo normal.
      -      Y ¿Por qué? ¿Ha sucedido algo nuevo?
      -      No, nada nuevo, la misma mierda de siempre, solo que hoy duele un poco más.
      -     ¿Te duele?
      -     Siempre me duele, es solo que ya me acostumbre a ese dolor, pero hoy es un dolor distinto.
      -    Nunca me habías dicho que era un dolor constante.
      -    Nunca me habías preguntado
      -    ¿Acaso tengo que preguntártelo todo?
      -    Podría ser, la verdad es que no sé qué es lo que realmente te importa de mí.
      -    Me importas tu, el conjunto completo que tu significas, ¿Acaso no lo has notado?
      -    No lo sé, nunca presto mucha atención.
      -    Estas extraña, como un poco cansada.
      -    Puede ser.
      -    Vas a escapar, ¿Cierto?
      -    Creo que sí, ya es hora Nno crees?
      -    Y ¿Cuándo te volveré a ver?
      -    No lo sé, cuando mi cuerpo te extrañe quizás.
      -    Y tu alma ¿Alguna vez me extrañará?
      -    Creo que en nuestra situación es mejor solo escuchar a nuestros cuerpos y acallar a nuestras almas.
      -     Mi alma a ratos me habla de ti…
      -    ¿Dónde quedaron mis cigarros?
      -    Me dice que ya estas tomando cierta importancia en mi vida…
      -    Acá están los cigarros, y ahora ¿Dónde está el maldito encendedor?
      -    Toma, acá esta.
      -    Gracias.
      -    Bueno, la cosa es que pienso mucho en ti, creo que para mí eres más que un cuerpo.
      -   Por favor no comiences con eso.
      -   Eres extraña, ¿lo sabías?
      -   Sí, siempre lo he sabido y por eso te pido que no comiences con esas cosas.
      -   Ya es inevitable…
      -    Creo que por eso duele tanto.
      -    ¿Te duele porque te está pasando lo mismo?
      -    Algo así. ¿Dónde está mi ropa?
      -    No te vayas.
      -    Me duele, no quiero seguir acá.
      -    Si quieres, es solo que tienes miedo.
      -    No me abraces, me tengo que ir.
      -    No tienes que hacerlo y lo sabes.
      -    Bueno, pero me quiero ir.
      -    No quieres irte.
      -    Por favor, deja que me vista.
      -    Dime que no me amas.
      -    No comiences con pendejerías, eres harto grandecito ya para esas cosas.
      -    Dime que no me amas.
      -    Quiero otro cigarro.
      -     No fumes tanto, te hace daño.
      -    Yo sé lo que hago y cuanto fumo, al final yo los pago.
      -    Quédate por favor, solo quédate esta noche y mañana decides.
      -    No tengo nada que decidir.
      -    Dime que no amas.
      -    Ya me voy.
      -    Déjame un cigarro por favor.
      -   Tú no fumas ¿Para qué quieres un cigarro?
      -    Para recordarte con algo.
      -   ¿Para recordarme?
      -   Sé que cuando cruces la puerta no volverás.
      -    ¿Por qué dices eso?
      -    Porque hoy tu cuerpo me dijo que me amabas…
      -    Me tengo que ir…
      -   Y tú siempre escapas del amor.
      -   Te llamo cuando mi cuerpo te necesite.
      -    Solo estaré cuando tu alma me necesite.
      -    Cuídate, adiós.
      -   Prefiero un hasta pronto…
      -    Recuerda que soy extraña, así que no sé si esto es un “adiós” o un “hasta pronto”…
      -   Simplemente no te vayas y quédate a mi lado…
      -   No puedo…



sábado, 25 de septiembre de 2010

Salvación


Dime entonces por qué
Me has elegido a mi,
Aún me siento algo perdida,
No sé si seré capaz.
Esta vez quiero estar limpia,
Tener los ojos bien abiertos
Ya no quiero estúpidas sorpresas,
Pero aún me siento algo perdida.
Dime entonces por qué
Tu mano sigue sobre mi nombre,
Qué diablos esperas de mi,
Ya no quiero dar nada,
Intente satisfacerte,
Pero nadie te puede satisfacer.
Deja de estrellar tu mirada
Sobre mi cuerpo hastiado,
Acá tu corona no es nada,
Te aconsejo tengas cuidado,
Los héroes ya no son bien recibidos.
Dime entonces por qué
Tus ansias de salvarme,
No quiero ser salvada,
Necesito volver a estrellarme,
Perdóname, pero es la verdad.
Ven, toma asiento en esa silla,
Deja que te corone y te electrocute
En tu último trono,
Quiero oírte gritar como un niño,
Quiero que dejes de soñar
Con batallas celestiales por mi alma.
Dime entonces por qué
Me has elegido a mi
Si yo no quiero salvarme.

A Perfect Circle Breña subtitulado Español

Acá estoy... y creo que siempre estaré para ti...


martes, 21 de septiembre de 2010

Era Perfecta


No comprendo como llegamos a esto, solo sentí su mano acariciar mi cintura con la misma delicadeza que su voz susurraba el hechizo en mi alma.
Caí rendida ante ella, tan perfecta que daba asco. Se apodero completamente de mi, tomo mi vida en sus manos y mi alma en sus labios, sorbo a sorbo bebió mis deseos haciendo sus deseos realidad.
Me permitió soñar, amar y odiar, mientras mi voluntad se perdía en su sonrisa. ¡¡Era perfecta!! La odie por eso, su voz era armonía, su piel seda, su boca... su boca era una maldita droga. Pensé en matarla, liquidarla, eliminar su rastro de mi piel, peor no podía, su mirada me atrapaba y me volvía una vez más su esclava.
Hizo y deshizo en mi vida, tomo lo que se le antojo, yo le pertenecía, pero jamás ella me perteneció ¡¡yo sufría!! Pero jamás le importo, dejaba llagas en mi piel con sus malditas caricias, la dulce hiel de sus labios envenenaba mi alma.
Ella mato mis sueños, mato mi amor ¡¡pero no me mataba a mi!! Se regocijaba con mi dolor, con mi sufrimiento, me dañaba, me hería, pero no me mataba... ni me amaba...
Pensé mil veces en matarla, hundir la daga en su pecho y bañar mi alma en su sangre, pero no podía ¡¡yo le pertenecía!! Yo era parte de ella, ella era mi dueña, ella era perfecta...

Solo podía pensar en su perfección, no sentía el dolor, la daga era como una suave pluma en mi piel. Pensaba en sus ojos cuando los míos se cerraban, pensaba en su boca cuando la mía quedaba inerte, pensaba en sus besos cuando la sangre corría, penaba en su perfección mientras yo moría...


Bebe - Razones (Con letra)

domingo, 19 de septiembre de 2010

Cansada

Dos noches sin dormir. Dos días sin casi comer. Cerveza y cigarros. Preocupación.  Rabia. Tristeza. Algo duele adentro. El pecho apretado. Las manos hinchadas de tanto golpear paredes. Los ojos inyectados en sangre. Cansada. Hastiada. Decepcionada. Esperando una respuesta. Segura de que solo es el final. Las lágrimas se asoman. Contención. Una mujer fuerte. Una mujer dura. Una mujer muerta. Mordiendo los labios. Intentando no pensar. Dolores en todo el cuerpo. Dificultad para respirar. Deseos de gritar. Más golpes contra la pared. Imaginando mil cosas. Ansiosa. Segura de que este es el fin. Decepcionada.  Flagelación emocional. Anhelando la flagelación física en grados mayores. Ira. Frustración. Maldición. Jurando nunca más caer. Sabiendo que algo se esconde. Nunca más. Adiós fragilidad. Nunca más. Adiós emociones. Nunca más. Adiós amor…

sábado, 18 de septiembre de 2010

CORTESIA



Fue un gusto conocerlo,
Tenerlo entre mis brazos,
Fue un gusto haber gozado de su falso amor.

Realmente me siento encantada,
Después de todo
Me dio una razón para vivir
-A medias-
Por un tiempo.

Ha sido un gusto realmente
Que pronunciara mi nombre,
Sin importar que solo fuera cortesía.

Un verdadero placer
Sentir su aroma que aún perdura en mi lecho,
Matarme lentamente mientras lo siento,
Saturando mis sentidos,
Ahogando mi corazón.

Un mal sano placer
Sentir que lo tuve
Y que lo perdí como si nada,
Como si yo solo hubiese sido
Una aventura más en su vida
Llena de placeres extraños a mi mundo.

Fue un gusto conocerlo,
Abrazarlo y fingir que me pertenecía,
Abrazarlo sabiendo
Que nunca fue y que nunca será mío...

Enseñame a Matarte



Enséñame a matarte
Con el calor de mis besos,
Con el roce de mi piel.
Enséñame a no morir por ti
Cuando no me abrazas,
Cuando no estas.
Son tantas las cosas
Que deseo aprender a tu lado,
Pero tu nunca estas.
Quiero que me beses
Hasta que no quede
Aliento en mi,
Quiero que me abraces
Y rompas todos mis huesos,
Quiero que juegues
Y que abuses,
Quiero que me mates
Y que luego llores
Por lo que tuviste
Y nunca supiste apreciar.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Cuerpos de Arriendo


Siempre hay un camino fácil
Dispuesto a llevarme a la perdición,
Siempre existe un cuerpo alerta
Para quitarme el dolor.
No es amor lo que busco en las noches,
No es amor lo que calma mi pasión,
Es solo un cuerpo lo que necesito
Para sacar la sed semanal,
Para calmar el deseo desde que no esta.

Siempre encuentro una salida rápida
Cuando los recuerdos me atacan,
Siempre llega la alquimia del placer
Enredada en las sabanas de un lecho ajeno,
La conexión no se hace esperar
Y alguien siempre cura las heridas
Que a veces intentan hundirme
En mi fría y exquisita soledad
Llena de ausencias pasadas.

Siempre existe un cuerpo pasajero,
Un  lecho tibio esperando las caricias
Que deseo desbordar antes de gritar,
Cuando creo que ya nadie vendrá por mi
La lujuria golpea a mi puerta
Y me hace olvidar las lagrimas agónicas,
Las gotas de sangre que llora mi cuerpo
Cuando creo necesitar un amor momentáneo,
Un amor que no sea prospero ni duradero.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Mañana lo Dejo

Mañana lo dejo, lo juro, esta será la última vez que lo tendré entre mis labios, que aspiraré su veneno como algo sagrado…
Mañana lo dejo, lo prometo, mañana me olvidaré que él existe, dejaré de desear su cuerpo entrelazado al mío, sus besos adueñándose de todo, su aroma a sexo y tabaco…
Mañana lo dejo, lo prometo, no permitiré que su exquisito narcótico me mate, no esta vez, sacaré fuerzas de no sé dónde diablos y me levantaré de su cama, caminaré con paso firme hacia la puerta…
Mañana lo dejo, lo juro, hoy lo besaré por última vez, aspirare el humo de su boca y formaremos sicodélicas figuras entre nosotros, vibraremos y gemiremos unidos, disfrutaremos el humo, el veneno que somos el uno para el otro, hoy lo amaré por última vez…
Mañana lo dejo, en serio, mañana borrare su aroma de mi piel, mañana lo alejare y dejará de ser el objeto de mi deseo, de mi obsesión, el dueño enfermo de mi placer, el verdugo que me asesina con cada arremetida contra mi cuerpo…
Hendrix retumbas en mis orejas y yo solo me repito:  “Mañana lo dejo, lo juro”… mañana… mañana… mañana…  ¿Cómo dejarlo si aún lo deseo? ¿Cómo dejarlo si aún lo siento cubriendo mi cuerpo?
Hendrix me recuerda que no es tan fácil dejarlo, que es un vicio, que en sus dedos se encuentra mi alquimia, que en sus labios se encuentra mi perdición quizás eterna, que es y será tal vez mi pecado favorito…
Mañana lo dejo, lo prometo, hoy déjenme en paz, quiero revolcarme en su lecho, juguetear con el humo, estallar de placer y luego bajar lentamente acunados por el humo,  hoy como despedida dejaré que juegue con mi cuerpo a sus anchas, el humo sicodélico nos bañara, el pudor lo dejaré en la puerta antes de entrar a su extraño y toxico templo de placeres infernales…
¡Mañana lo dejo, lo juro, juro que mañana lo dejo!
De fondo suena un blues, enciendo un cigarrillo, me lo llevo casi de forma lasciva a los labios, “Mañana lo dejo” pienso, sonrió… a él jamás lo podré dejar, es mi condena, mi sentencia de muerte… pero todos deben pensar que anhelo poderlo dejar…

jueves, 9 de septiembre de 2010

Sangrar y Llorar



Cada mañana al despertar
Ruego ver amanecer un hermoso día,
Pero siempre es lo mismo,
Siempre sigo sumergida en esta misma mierda.

Sueño con llegar a ser feliz algún día,
Lejos de toda esta basura,
En algún lugar donde me sienta aceptada,
Querida, tal vez amada.

Si tan solo pudiese escapar,
Si tan solo se borraran las cicatrices de mis muñecas,
Si tan solo pudiese borrar el pasado
Y el dolor que me ha marcado.

Cada noche, al caer el crepúsculo,
Ruego no despertar jamás,
Ruego no ver al sol aparecer,
Sueño no sentir tanto dolor.

A veces desearía escuchar un “Te amo”,
O tal vez un “Te extraño”,
Pero deseo tantas cosas,
Pero nada se cumple.

Hoy, como tantas noches,
Solo necesito sangrar,
Sangrar y llorar,
Sangrar y tal vez no despertar...

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Sigue



“Sigue, sigue”
Susurro en tu oído
Mientras cierro mis ojos
Y muerdo mis labios.
“Sigue, sigue”
Repito casi desesperada
Intentando hacer eterno
Cada segundo en tus brazos.
“Sigue, sigue”
Insisto casi como invitación,
Abriéndote las puertas a mi mundo,
Cerrándome a la cordura.
“Sigue, sigue”
Te ruego como una niña,
La niña que solo soy en tus brazos
Ahora que me has domesticado.
“Sigue, sigue”
Casi gritando te lo pido,
Tensando mi cuerpo,
Hundiendo mis uñas en tus hombros,
Cerrando los ojos involuntariamente,
Cayendo sobre tu pecho,
Rindiéndome ante tu placer
Que solo desea oír
Como una eterna plegaria…
“Sigue, sigue”
Vuelve a hundirte en mi…


lunes, 6 de septiembre de 2010

Destellos


En la lejanía puedo ver los suaves destellos que entran por la grietas de mi jaula infinita, danzan en el aire como amantes lujuriosos, llenos de amor y deseo. Los observo mientras las lagrimas se deslizan con gracia sobre mi rostro ya maltrecho por el pasar de una vida que he olvidado, de un pasado que no estoy segura haya existido alguna vez; siento la humedad sobre mis manos, me recuerdan a la lluvia que mojaba mi cuerpo, los charcos en que me gustaba saltar camino a la escuela.
Intento buscar una salida, un camino de regreso a lo que alguna vez fui o creo haber sido, juro que lo hice, pero nada dio resultado, me encontraba atada a ese dolor sofocante, a esa miseria insana y obscena, atrapada en un infierno forjado por mis propias manos; grito y ruego por libertad, por sentir nuevamente el viento mecer mis cabellos.
El tic tac de un reloj marca la cuenta regresiva de mi vida, el oxigeno comienza a faltar y siento que voy a estallar, que mi ser caerá en mil pedazos a este suelo podrido, lodoso con sangre y restos de corazones anteriores. Poco a poco me hundo y la tristeza parada en tierra firme, me mira y se burla, se sonríe vulgarmente al verme caer.
Armoniosas risas estremecen mis sentidos, recuerdos que danzan y me acarician, que besan suavemente mis heridas, recuerdos que existen quizá solo en mi mente, nada es seguro en este estado, no sé siquiera si yo existo o soy una ilusión creada por la mente de otro.
Millones de sombras escondidas en el infinito, esperando verme en el piso, tirada y sin vida para tomar mi cuerpo y hacerlo suyo; una lagrima cae por mi rostro y el eco que produce al estrellarse contra el suelo es suave melodía para mi alma en llamas, mi alma consumida por este infierno que es solo mío.
Los suaves destellos siguen danzando sin parar, lentamente se hacen más lejanos, débiles, mis ojos comienzan a cerrarse, los suaves sonidos armoniosos ahora solo son susurros delirantes rebotando dentro de mi cabeza enferma... la verdad es que no sé si son ellos los que mueren o yo que me doy por vencida...
Lentamente los destellos desaparecen y mis ojos se cierran... lentamente me convierto en destello...

sábado, 4 de septiembre de 2010

Segundos


Solo pido un par de segundos más,
Un último momento a tu lado,
Observarte antes de caer y morir.
No quiero cerrar los ojos aún,
Deseo sentir por última vez tu mirada en mi,
El choque final de tu cuerpo
Sobre mi cuerpo desesperado y en llamas.
Amor, no me mates aún,
Solo dame un par de segundos
Antes de explotar y borrar mi pudor,
Antes de obligarme a cerrar por siempre los ojos.
Permíteme que bese por última vez tu mano
Como el juguete fiel que soy para ti,
Déjame llevar tu aroma como último recuerdo
A la soledad que acunara a mi cuerpo
En reemplazo de tus divinos deseos.
Solo pido un par de segundos más
Antes de que tomes mi placer en tus manos,
Antes de que transformes mi cuerpo en gemidos,
Para luego olvidarme en un par de segundos…



jueves, 2 de septiembre de 2010

Trágica Muñeca




No sé bien que era lo que buscaba en ese momento, solo sé que abría puertas como loca en un laberinto enfermizo de mi mente extraviada en el infinito de la demencia, corría y corría mientras gritaba por ayuda, por alguna señal, por encontrar la puerta que me diera aquello que tanto perseguía, que tan desesperadamente necesitaba, pero que aún no sabía de que se trataba.
De pronto abrí una puerta y me encontré con una habitación iluminada, se respiraba inocencia ahí dentro, se sentía aquella paz que es solo posible sentir cuando aún se es niña, pequeña e ignorante frente al mundo real, en aquella cálida habitación me encontré a una niña de oscuros rizos cayendo sobre sus hombros, vestía un hermoso vestido blanco con una gran cinta rosa, jugaba con una pequeña muñeca, una replica exacta de ella, la pequeña niña giro hacia mi ofreciéndome una gran sonrisa, cubierta por aquella ternura inexplicable que nos producen ciertos niños o animales muy menuditos, me senté con las rodillas flectadas a su lado.
-         ¡Que linda muñequita tienes! – le dije muy alegremente.
-         Lo sé, pero es solo una muñeca – respondió ella con voz de suma tristeza -, jamás crecerá, jamás llorara ni reirá, jamás amará y nadie jamás la amará de verdad, solo la admiraran, halagarán su bello vestido, sus pulcros rizos, su hermoso rostro, pero cuando se cansen de verla simplemente la olvidaran y la dejaran tirada en un rincón cubriéndose de polvo, hasta que un día la encontraran, estropeada por el polvo y la lanzaran a la basura sin remordimiento ni pena alguna.
-         ¿Pero por qué dices eso? – pregunte asombrada, turbada por la expresión fría que se había posado en su rostro al pronunciar estas últimas palabras.
-         Por que es la verdad, eso le pasa a todas las muñecas, pronto lo sabrás, pues cada día te vuelvas más una muñeca, tus rizos, tu rostro, tu figura, tu apariencia cada vez se va tornando más hermosa, más perfecta ante los ojos del mundo, pero por dentro tu corazón se congela, te estás volviendo una muñeca, solo que aún no te haz dado cuenta – sentenció con una mirada burlona, macabra.
Quede paralizada, aturdida por sus palabras y por su aspecto que ahora se tornaba malditamente hermoso, pero a la vez aterrador, era como si toda su belleza se encontrara concentrada en la maldad que sus ojos expresaban. Ella noto mi espanto, lanzo una carcajada espeluznante y se dio nuevamente la vuelta para seguir jugando con su pequeña replica que ahora, a contra luz, parecía más viva que ella misma.

Salí corriendo de aquella habitación que ya no me parecía cálida, sino más bien, tétrica. Seguí abriendo puerta tras puerta sin encontrar nada, solo habitaciones vacías y oscuras, hasta que comencé a escuchar música, intente seguir su rastro, mas por algo ajeno a mi no lo lograba, recordé algo que había aprendido de alguien hace mucho tiempo, cerrar los ojos y solo dejarme llevar por el sonido, sin ver, sin buscar con los ojos, solo con el alma, y de pronto me encontré frente a una puerta distinta a las demás, de aspecto un poco más agresivo, algo llamativo en toda la monotonía de aquel maldito laberinto, al abrir la puerta vi la habitación que estaba iluminada solo por la luz que daba el fuego de la chimenea, en el piso cubierto por una bella alfombra se hallaba recostada una jovencita de alrededor de unos 15 años, tenía largos cabellos rizados, oscuros, esparcidos como si alguien se los hubiera colocado así sobre la alfombra, ella escuchaba una extraña música, estaba como hipnotizada por las notas que venían de un oscuro rincón de la habitación.
-         Acércate tu – me dijo levanto un poco una mano y haciendo un leve movimiento hacia ella – que yo no tengo ganas de levantarme, estoy demasiado cómoda.
Me acerque a ella como me indico, al verla más de cerca me di cuenta que su rostro era muy parecido al de la espeluznante niña de la muñeca.
-         Estoy demasiado hastiada hoy, no sé que pasa, pero creo que todo me repugna – dijo casi en monologo -, no sé que me sucede, es quizás esta maldita música que me envuelve la que no me deja reaccionar – giro un poco su rostro hacia mi levantando una mano y posándola sobre su estomago, tenía un bulto en ella, aterrorizada vi que era la muñeca.
-         ¿Esa muñeca es... es... es tuya? – dije balbuceando.
-         Es hermosa ¿no?, pero también me esta cansando ya, su perfección me da asco, esos malditos rizos tan hermosos, sin ni una sola marca sobre su rostro, sobre sus brazos y sus piernas – dijo mirando sus brazos llenos de cicatrices y heridas recientes -, ella no sabe lo que es sentir, lo que es el dolor y la odio por eso – dijo dejando la muñeca a un lado.
Se sentó sobre la alfombra, me miró con una risa lúgubre dibujada en el rostro y de su bolsillo saco una pequeña bolsita de cuero, al soltar las amarras extrajo de esta una hojilla muy afilada y comenzó a hacerse pequeños cortes en los brazos, soltando una lagrima por cada uno mientras a la vez sonreía como llena de un malsano placer, como si aquello la liberara de un gran dolor.
-         Yo no soy una muñequita perfecta, mi cuerpo está marcado, al cortar brota la sangre, lo que demuestra que estoy viva, que soy real, pero tu ¿Aún eres real o te transformaste en una maldita muñequita fría y sin vida? – preguntó mirando fijamente a los ojos, con un aire inquisidor, para luego tornarse de un aspecto sepulcral y seguir haciendo cortes en su piel.

No soporte ver su sangre cubrir la alfombra y salí corriendo de aquel desagradable lugar. Comencé de nuevo con mi empresa y abría puerta tras puerta, sin encontrar aún aquello que tanto buscaba sin saber de que se trataba, solo sabía que lo debía encontrar fuera lo que fuera. Sin darme cuenta me detuve frente a una puerta muy alta, mucho más que las demás, de aspecto antiguo y elegante, una puerta de suma belleza, la admire un momento y supe que ahí dentro se encontraba lo que tanto buscaba, pero un extraño escalofrió recorrió mi cuerpo, comencé a sentir un miedo inexplicable, como si mis sentidos me advirtieran de algo, mas hice caso omiso, pues no podía dejar ahora atrás aquella necesidad que era la dueña de mi ser, no podía controlar mi actuar, me sentí impulsada a entrar.
Al abrir la puerta me encontré con una habitación exquisitamente decorada, extremadamente elegante, era todo realmente hermoso, como la puerta, la luz era muy tenue, en la chimenea ardía un cálido fuego y se escuchaba el suave crujido de la leña al quebrarse por las llamas. En un extremo cerca de la chimenea se hallaba un gran espejo muy finamente adornado, con marco de oro y extrañas figuras talladas, me acerque pues me sentí llena de deseos de verme reflejada en aquel bello espejo.
Cuando me miré no podía creer lo que veía, mis rizos brillaban como nunca antes, eran realmente perfectos, caían sobre mis hombros con una gracia que jamás había logrado por más que los peinara o los moldeara; mi piel se veía reluciente, sin manchas ni cicatrices de nada, tenia un resplandor especial, distinto, no lo podía creer, estaba encantada, estaba feliz, lleve una de mis manos a mi rostro para tocarlo y ver que todo era real, mas al sentir el contacto de mi piel me estremecí por completo pues mi piel estaba fría, como la de un cadáver, toque mi cuello y se encontraba también frío y no sentía mi pulso, aterrorizada me lleve la fría mano al corazón, pero no sentía mis latidos...
Golpee el espejo con todas mis fuerzas y los trozos cayeron en cientos sobre el piso, mi mano no se hizo ni el más mínimo daño, me espante como nunca lo había hecho, tome un pedazo de espejo roto y comencé a cortar mis brazos, pero la sangre no brotaba y los cortes se cerraban de inmediato volviendo a  dejar mi piel tersa, sin marcas, fría, como si fuera de porcelana, corte mis piernas, mi pecho, incluso mi estomago, pero la sangre no aparecía por ni un lugar, estaba desesperada, aterrada por el maldito espectáculo. Caí al piso, me arrastre, llorando desconsolada, por la alfombra hasta quedar frente a la chimenea, me quede tirada, gimiendo de miedo y haciendo pequeños cortes en mis brazos sin encontrar rastro alguno de sangre, desesperanzada y sin entender nada me dormí al calor del fuego, apretando con fuerza el trozo de espejo contra mi piel...

Cuando desperté me encontraba en un hospital, lo supe de inmediato por todas aquella maquinas conectadas a mi cuerpo, al abrir un poco los ojos y reaccionar algo, note que estaba atada a la camilla, me asuste mucho y de pronto escuche una voz muy familiar junto a mi.
-         No te muevas – era la voz de mi novio -, ya estás bien, los doctores te curaron todas las heridas a tiempo.

Lo mire aterrorizada, una sensación que cada vez me parecía más familiar, le pregunte que había sucedido y lleno de lagrimas me contó todo...
Mi madre sintió un ruido, como si algo de vidrio se hubiera roto, pero no lo tomo en cuenta, pensó que no era en casa pues no escucho nada más, fue solo aquel crujido que duro solo un par de segundos. Horas más tarde se sintió extrañada al no verme salir en todo el día de mi habitación, pero creyó que me encontraba durmiendo por el cansancio de los estudios, o bien, que estaba haciendo ejercicio para verme cada vez más estilizada, o viendo y combinando mi ropa para el día siguiente, pero de pronto se percato que ni siquiera había salido para coger algo de comer y fue a llamarme la atención. Cuando llego a mi habitación lo primero que vio fue el espejo de mi toillet roto en mil pedazos, yo estaba tirada sobre la alfombra frente al calefactor eléctrico, mi cuerpo estaba cubierto de heridas, la sangre empapaba la alfombra y entre mi mano derecha apretaba con fuerza un trozo de espejo quebrado...
Al terminar de relatarme lo sucedido, mi novio me pregunto llorando como un niño:
-         ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué te hiciste esto?
-         Por que no soy una muñeca – respondí girando el rostro con la mirada perdida en el techo de la habitación y con una pequeña sonrisa siniestra dibujada en el rostro...

miércoles, 1 de septiembre de 2010

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A veces las plabras estan de sobra...
Basta con hundirme en tus ojos
Para saber que somos eternos...